Desde la esperanza hasta la impunidad

En pocos días más, el país vivirá nuevamente su acto más trascendente por el cual los ciudadanos ejercen su derecho a voto, es decir, en sus manos está decidir quién regirá nuestro país por los próximos 5 años. Esto de por sí es una excelente noticia. El próximo ciudadano-presidente tendrá una tarea magnánima, darle futuro a nuestras esperanzas. Paraguay es un país de esperanza y de tierra generosa. Pareciera que todo está dado para que seamos una nación que puede asumir desafíos, abrigar sueños y llevar a cabo un plan de vida que nos permita, no sólo ser felices tal como hoy se dice, sino que también no de la fuerza necesaria para convertirnos en una nación próspera y que permita que sus habitantes no tengan necesidades y que al menos, las básicas, estés satisfechas. Hasta aquí todo bien.

Ahora viene lo más complicado. Algunos dirigentes, humanos al fin, no siempre están a la altura de su responsabilidad. Muchos están enredados en sus propias historias de corrupción, casos de sospechosas fortunas mal habidas, falto de explicaciones al pueblo sobré qué hacen o dejan de hacer. De eso en definitiva es la república, la cosa pública es de todos y los dirigentes deben rendir cuentas…algo que poco sucede, lamentablemente.

En este tránsito de renovadas acciones de participación ciudadana y de autoridades, es de desear que haya cambios sustanciales y tengamos un futuro prometedor, que el corazón y la mente que quien gane las elecciones, tenga la fuerza suficiente para gestionar una buena administración y permita a este pueblo tan necesitado, alcanzar un mañana esperanzador. El primer paso, es que nadie se sienta impune de sus actos, que todos somos iguales ante la ley y que apenas son administradores transitorios del Estado. El empleo público es para servir a los demás y reciben un sueldo que paga la ciudadanía. Ojalá no se olviden de honrar el cargo para el que han sido nominados porque la esperanza, así como se da, también se quita.

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